Mostrando entradas con la etiqueta Boudica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Boudica. Mostrar todas las entradas

domingo, 31 de marzo de 2013

LA REINA IMPOSIBLE

Audiovisual de la novela "La reina imposible". Realizado por Jose A. Martínez Larrosa,

lunes, 26 de marzo de 2012

LA REINA IMPOSIBLE (Boudica de los icenos)


AVISO PARA NAVEGANTES (Otro)

Finalmente, la novela que comencé a publicar en este blog con el título de "Boudica" va a ver la luz, convertida en libro.
La primera presentación será el 20 de abril de 2012. Será a las 20'30, con entrada libre, en la Sala Cocó de Elche.
Correrá a cargo del concejal de Cultura Pablo Ruz, el escritor Eduardo García-Ontiveros, el editor José Antonio L. Vizcaino y un servidor.
Viernes 20 de abril a las 20'30.

miércoles, 7 de marzo de 2012

SOBRE BOUDICA DE LOS ICENOS, LA REINA IMPOSIBLE

A finales de enero de 2010 publiqué el primer relato relacionado con la reina Boudica de los icenos. En ese momento no pretendía más que llevar a cabo una especie de ejercicio literario.
Sin embargo, con el paso del tiempo, y después de escribir una segunda parte, me di cuenta del potencial que encerraba aquella historia, de las posibilidades de desarrollo. Y, poco a poco, tal vez sin tomarlo demasiado en serio en un principio, aquellos dos relatos iniciales se fueron convirtiendo en algo más sólido.
Dos años después de ese principio, y con unos lapsos de tiempo considerables entre unos y otro, lo que no eran más que ejercicios literarios acabaron por convertirse en los capítulos de la novela LA REINA IMPOSIBLE.
Dos años después, a finales de diciembre de 2011, di por concluido el trabajo.
Y pronto, muy pronto, verá la luz en forma de libro.
Será el próximo día 20 de abril, el mes de los libros.

lunes, 4 de julio de 2011

Boudica VII

Cayo Suetonio Paulino

El gobernador de Britania, Cayo Suetonio Paulino mira hacia el Oeste. Mira más allá de los alojamientos de los legionarios y del vallum que circunda el acuartelamiento. A su lado hay un centurión ya entrado en años. Quizá sea más viejo que el propio gobernador. Desde luego, su rostro está tan curtido que parece estar hecho con el mismo cuero que cubre los escudos. Sostiene en la mano izquierda la vara de vid, símbolo de su cargo. Muchos centuriones prefieren dejarla en sus alojamientos, pero éste es de la vieja escuela.
-¿Cuántos años llevas en la legión? –pregunta Suetonio Paulino.
-Pronto hará cincuenta, señor.

martes, 28 de junio de 2011

Boudica VI


La brecha en la cabeza

Apenas ha cambiado el gesto Boudica en todo el tiempo. Sólo gritó una vez. Justo cuando el centurión Cayo Flaminio Cota caía por la ladera con la cabeza sangrando. Quedó inmóvil allá abajo. La maleza cubría casi todo su cuerpo y sólo se veían los pies. No se movían.
-¿Está muerto? –preguntaba Teserago.
-Seguro que lo está –respondía Dumeges. Y mostraba la piedra ensangrentada que aún portaba en la mano.
-Habría que asegurarse.
Hay una buena caída hasta el cuerpo. La ladera es empinada y está cubierta de matorrales. Dumeges duda. ¿Bajar? El romano no ha podido sobrevivir. Él mismo le ha abierto el cráneo con la piedra. La cabeza sangró tanto que salpicó la cara de Dumeges. Cayó por la ladera golpeándose con todo.
-Seguro que está muerto –insiste.
Teserago asiente, pero no está tan seguro. Intuye que el romano puede estar aún con vida. Una brecha en la cabeza es escandalosa, pero no necesariamente mortal. Tal vez esté con vida, pero quizá muera pronto. Y aunque no muera tardará en recuperarse. Para entonces, ellos ya estarán lejos.
-De acuerdo –admitía Teserago-. Vámonos.
Hubo que dar un tirón del brazo de Boudica. Ella se había quedado con los ojos puestos en la ladera.

sábado, 28 de mayo de 2011

Boudica V


La mujer que tose


Boudica abre los ojos y le cuesta recordar dónde se encuentra. Hay poca luz; la que entra por un ventanuco que se abre muy cerca del techo. El suelo no está duro, pero es porque no es el suelo. Se halla tumbada sobre un camastro sencillo, pero cómodo. Al menos, más cómodo que cualquiera de los lugares en los que ha tenido que dormir desde… El lugar es cálido y agradable. El tacto de la manta que la cubre es suave y hasta el aire parece que huele bien; tan bien como su cabello que ha dejado de ser una maraña de algo parecido a una planta de espinos y ha recuperado su color normal.
Recuerda poco de la noche anterior. Estaba agotada, completamente agotada. Cayó varias veces rendida. Lo pies sangraban y el romano no se detenía. Parecía querer llegar cuanto antes. Durante la jornada se habían tropezado con otra patrulla, más numerosa que la anterior.

jueves, 3 de marzo de 2011

Boudica IV

La zorra britana

Boudica siente que no puede dar un paso más. Parece que las rodillas van a desmontarse de un momento a otro y tiene los pies hinchados y a punto de llagarse. El dogal le ha hecho una escocedura en el cuello que quema con cada movimiento. Pero lo peor es el pómulo. Creyó que le estallaba la cabeza cuando el romano le cruzó la cara.
Apareció de repente, con la espada goteando sangre en la derecha y con el brazalete de hierro de Boergeles en la izquierda. Boergeles estaba muerto. Sólo así habría consentido en que le arrebatasen el emblema familiar.
El romano se acercó a Boudica y dejó caer el brazalete. Luego señaló el gladio que ella aún aferraba contra sí y dijo:
-Esa espada es mía.

miércoles, 12 de enero de 2011

Boudica III


La sombra del cuervo

Boudica Deambula de un lado a otro sin saber dónde ir ni dónde mirar. Hay escombros por todos lados. Los mismo escombros que causó su horda al pasar por Londinium no hace tanto tiempo. Hay escombros, restos calcinados, hedor a excrementos, a orines, a carne en descomposición.
Hace apenas veinte días, el lugar por el que deambula Boudica de los icenos, Boudica de Britania la llamaban muchos, era un lugar animado por el comercio. Era una ciudad rodeada de villas romanas comparables a las de Italia. Ahora es una ruina.
Mataron poco los guerreros de Boudica en Londinium. Suetonio Paulino había hecho evacuar la ciudad poco antes de la llegada de los britanos. Aún así hubo mucha sangre, incendios y saqueos. Quizá si aquello no se hubiese producido ahora la reina de los icenos no deambularía de un lado a otro, ni iría vestida de harapos, ni tendría los pies llagados, ni el cabello parecería de esparto.
Dos días enteros, o quizá más, estuvieron los britanos saqueando Londinium. Era una ciudad grande. Dos días que, sin pretenderlo, dieron de ventaja a los romanos que huían. Suetonio Paulino pudo reunirse con sus legionarios y elegir el terreno que más le convenía para presentar batalla. Si no se hubiese saqueado Londinium, Boudica habría dado alcance al romano y ahora aquel estaría muerto y ella seguiría siendo la reina de los britanos.
Boergeles la mira con un gesto que quiere ser de resignación, pero que se parece al desprecio. Más de una vez ha pensado en abandonar a Boudica. Lleva días pensándolo. Aún no sabe qué es lo que se lo impide. Tal vez la certeza de saber que, sin él, ella ya habría muerto.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Boudica II


Mira Boudica a su alrededor y deja caer los brazos en un gesto de abatimiento resignado. Su mirada ha perdido el brillo de furia que tenía hace sólo un rato. Ya no hay nada que hacer. Nada, salvo escapar ahora que aún se puede o morir. La otra posibilidad es sencillamente impensable. Boudica prefiere morir cien veces antes que caer en manos de Roma.
Por ahí enfrente vienen imparables las cohortes. Lentas y silenciosas, sólo se oye, muy de vez en cuando, la orden áspera de algún centurión obligando a los legionarios a mantener la formación de batalla. Se oyen las órdenes por encima de los gruñidos espasmódicos y de los alaridos de terror de los britanos que huyen descontrolados ante el muro de hierro que avanza paso a paso.
Boudica cuenta mentalmente los cuadros de hombres forrados de hierro. Diez en total. Y detrás hay otros cinco. Ella sabe que, a pesar de lo imponente de la formación, no son ni diez mil. Y en menos de una hora han derrotado por completo a sus más de cincuenta mil guerreros. No son ni diez mil y muchos de ellos ni siquiera han llegado a combatir. Allá al fondo, junto al general de capa escarlata, están las reservas, los que tenían que intervenir si las cosas se ponían mal para los romanos. Pero no ha sido necesario. Las dos primeras filas han bastado para liquidar por completo el efímero ejército britano.

jueves, 28 de enero de 2010

Boudica I


Ahí están. Se acercan. Algunos quieren adelantarse, pero los centuriones, espada en mano, les ordenan mantener la formación. Avanzan al paso, sin correr. ¿Para qué? Ya está todo hecho. Sólo queda rematar, en sentido literal, a los que no han logrado escapar, a los heridos que se arrastran sobre el campo enfangado de sangre.
Todo lo que aquella mujer había logrado con sus proclamas de libertad, todo su sueño enloquecido de convertirse en reina de una Britania sin romanos se ha truncado en unas pocas horas.
Boudica reina de Britania. Sería para reír si no fuese para llorar.
Los britanos pasan por mi lado sin mirarme esta vez. Corren, tratan de escapar con el gesto desencajado, alzan las manos al cielo, tropiezan con los cadáveres de los que hace sólo un momento eran sus compañeros de armas, caen y tratan de alzarse, se golpean unos a otros e incluso se apuñalan entre ellos para hacerse un hueco en los escasos carros que aún quedan esparcidos aquí y allá. Miran hacia atrás espantados por el rítmico paso de las cohortes. Los legionarios no corren. Mantienen el mismo paso que cuando se inició el avance. Un niño corriendo a su lado podría adelantarlos sin dificultad. Pero ese paso cadencioso, regular y firme es mucho más amenazador, mucho más siniestro, que una carga a la carrera.
Pasarán sobre cualquier cosa y, tras ellos, no quedará nada con vida.