Totalmente como pez fuera del agua. Totalmente. Con una
incomodidad encima que resultaba más que evidente. ¿Qué coño estaba haciendo yo
en ese sitio? ¿A qué había ido? Incomodidad, mucha incomodidad.
La sensación no dejaba de tener su lógica. A mí no se me
había perdido nada en aquel gimnasio.
Gimnasio tiene algo que ver con desnudez. Creo que los
griegos llamaban “gymnetes” a los que no tenían armadura o algo así. Vamos que
era casi como si fuesen en pelotas a las batallas. Al parecer también llamaban
así a una tribu de Iberia cuya característica principal era ir en pelota
picada. Sana costumbre en verano, cierto, pero no tanto a partir de septiembre
que empieza a rascar lo suyo. Y en el Valle del Ebro, ni te cuento.
Teneladin pasaba mucho rato en el
cobertizo. ¿Es que no tenía nada que hacer? Decía que le gustaba ver al
escultor dando forma a las piedras, pero Herein sospechabaque lo que quería era llamar la atención. Y
lo cierto era que lo conseguía.
El griego parecía saber exactamente
donde tenía que golpear para que la piedra se rompiese como él quería.
Antes había hecho una figurita de
arcilla, un modelo de lo que sería la escultura. Herein se burlaba.
-Esta figurita es tu gran obra? Pero si
es más pequeña que Tesa.
-Esto es solo un modelo –decía el
escultor-. ¿Quién es Tesa?
-Era mi muñeca.
Volvían los recuerdos. Las piernas
forradas de hierro, la sangre en el suelo. Prefería no revivir aquello. Mejor
chinchar al griego.
-¿Qué tal está Neitin?
Agilas sonrió a medias y, mientras
miraba con ojo crítico el bloque de piedra, preguntó a su vez:
-¿Es verdad que vas a prometerte con
Gudur de los Lobos?
-¿Quién te ha dicho eso?
-Es un joven fuerte –siguió el griego
sin dejar de sonreír-. Puede que sea un buen esposo.
La zorra, zorra porque es muy lista,
que no por otra cosa,ha olido macho
nuevo y se marcha a la ópera. Hay ópera en la Scala aunque puede que no sea en
Milán. Puede que mucho más cerca. Quizá tampoco haya ópera, pero hay macho
nuevo y papeles encima de la mesa alta. Es que es jueves.
La zorra, solo porque es muy
lista,va a la ópera en jueves. La
flauta mágica. Va a esa Scala que está tan cerca. Va en carroza. Se hace llevar
en carroza. Dicen que el cochero Babas no quería ir, pero le tocó aguantarse.
Cosas de la servidumbre. Que se joda.
Al otro extremo del mundo, Puck había
dejado de follarse a la rana y salía a que le diese el aire. Pensaba en la
ópera y en los conciertos de jazz.
Puck bebía cerveza sin alcohol, sólo
para mear más y mejor, y miraba por la ventana. Hace tiempo. Hace mal tiempo y
aún lo hará peor. Es que es jueves y hace invierno.
La zorra, solo porque es muy lista, que
no por nada más, escucha. Puede que se emocione, pero solo un poco. Ya no se
emociona por casi nada. Pero escucha y evita mirar la cara de perro que se le
ha puesto al cochero Babas. Hace tiempo puso también cara de perro. Hacía
verano entonces. Ponía gasolina y cara de perro.
Muy lejos, muy lejos y más lejos aún,
Puck bebe mirando al mal tiempo. Bebe cerveza sin alcohol y se afila las
orejas. Piensa en volar hacia esa Scala que está ahí al lado.
Pronto será Navidad. Piensa en la ópera
y en el libro de Stendhal.
El 9 de noviembre, Ana Vanesa Cremades presentó en Aspe mi novela "La reina imposible". Esto fue lo que dijo. Pocas veces han hablado mejor de mí. Gracias.
INTERVENCIÓN
EN LA PRESENTACIÓN DE
LA
REINA IMPOSIBLE
DE
MANUEL SEGARRA
Cierta
vez, una de mis más queridas amigas fijó sus ojos en mí, me escrutó con cariño
y declaró: “¿Sabes, Ana? Eres un personaje de Jane Austen. Tu apariencia, tu manera
de ser… pareces sacada de una de sus novelas”
El
cumplido me sorprendió y halagó al mismo tiempo: la literatura es mi leitmotiv desde
niña y Jane Austen la autora que más me conmueve, pero no me creía digna de un
piropo tan especial. El tiempo le ha dado la razón en muchas cosas, por algo mi
amiga es muy sabia, y aquella definición de mí misma me ha acompañado desde entonces
como un dulce recordatorio de en quién me han convertido los libros y la educación
que recibí de mis padres.
Y,
si os cuento todo esto, no es balde, sino porque, siguiendo los pasos de mi sensitiva
amiga, debo desvelaros un secreto. Manuel, Manolo como amistosamente lo
llamamos sus conocidos, también es un personaje de libro. Manolo se ha escapado
de una obra de teatro de Lope de Vega y tanta tinta corre por sus venas que, a
poco que trates con él, te das cuenta de que es escritor.
A veces había revuelo. Sobre todo, al
inicio de la primavera. Los hombres de la torre del norte llegaban a uña de
caballo y la gente ya sabía de qué se trataba. Empezaban las carreras y los
gritos y no pasaba mucho tiempo antes de que las murallas se llenasen de
guerreros.
Más hombres armados salían de la ciudad
y formaban ahí delante, en la llanura. Eran muchos. Trescientos o
cuatrocientos. Quizá más.
A pesar de todas las recomendaciones en
contra, mucha gente subía a la muralla solo para ver.
Salía el régulo de la ciudad y se
colocaba al frente de los hombres de la llanura.
Se les oía llegar. Dejaban atrás el
bosque de palmas y se colocaban frente a los guerreros de la ciudad que
aguardaban. Unos y otros podían estar horas observándose, amagando hacia un
lado u otro, amenazándose.
El régulo sabía que la ciudad era
fuerte y conocía el oficio de la guerra. Prefería esperar. Los de enfrente se
movían hacia la izquierda y él mandaba allí a los jinetes de Parpax. Los otros
reforzaban el centro y el régulo reforzaba las alas.
La ciudad era fuerte. Posiblemente era
la más fuerte en mucho territorio a la redonda. Tenía murallas altas y gruesas
y muchos guerreros. Y cuando los otros se daban cuenta de esa fuerza terminaban
por desistir. Mandaban a alguien al centro de la llanura y hablaban con el
régulo. Luego se retiraban vigilados de cerca.
El mismo juego de fuerza se repetía de
tanto en tanto, sobre todo al inicio de la primavera. Desde el norte y desde el
oeste. Tierras duras y escasas en muchas cosas, mientras que en la costa tenían
grano, ganado, de todo. Pero también había guerreros y no era sencillo
apoderarse de eso.
-Si no es por sorpresa, es difícil
conquistar esta ciudad –decía Adelamos.
domingo, 14 de octubre de 2012
El griego
Pero que tonto era. ¿Cómo podía ser tan
tonto? ¿Cómo podía decir aquellas cosas? Es que era tonto de verdad. Iba a la
casa pequeña y hablaba con su padre. A veces le decía cosas y Herein se reía.
Llegó hacía ya algún tiempo y era
griego, decía. También decía que era escultor y que había estado en Atenas. Se
llamaba Agilas aunque algunos le conocían como Androkles.
Hizo amistad con el padre de Herein y
algunos días iba a la casa. A ella empezaron a gustarle las historias que
contaba de Atenas y de Esparta, y de otros sitios, aunque no supiese donde
estaban aquellos lugares. También hablaba de Mainake, de Gadir, de Arse, de
Mastia, de muchos sitios. Era divertido y le decía cosas. Qué tonto era.
En ocasiones se ponía un poco serio.
Sobre todo cuando hablaba de lo que estaba pasando en el sur.
Muy de tarde en tarde, Dama Cuta salía
y recorría las calles. Intentaba hacerlo como una persona más, pero no era
posible. ¿Cómo iba a serlo si llevaba delante una escolta de dos guerreros? Iba
acompañada de un sacerdote y de dos o tres mujeres. Una llevaba un parasol y
las otras un cesto y un odre mediano con agua.
En ocasiones se le unía el régulo con
su propia escolta y entonces ya no había modo de estar en la calle.
Herein estaba en la puerta con
Teneladin. Su amiga le contaba que Gago de los Lobos la pretendía. También la
pretendían Ilortes y Alamenes que eran del clan de los Jabalíes.
Teneladin empezaba a ser muy hermosa.
Era natural que los guerreros jóvenes se fijasen. Herein tenía un poco de
envidia. No porque la pretendiesen, si no porque su amiga empezaba a ser muy
hermosa. Lo decían todos. Hasta Muruma lo había dicho.
-Esa Teneladin se está volviendo una
mujer muy hermosa. Sus padres tendrían que pensar en casarla cuanto antes.
Todos decían que su amiga era hermosa.
De ella no decían nada. Hasta Gudur, que continuaba mirando a veces
desde la esquina de la calle quebrada, parecía haberse fijado.
Oyeron el rumor que venía de la calle
ancha y poco después aparecían Dama Cuta y todos los demás. Se asustaron un
poco y a Teneladin le dieron ganas de meterse en su casa, pero se quedaron
allí.
Dama Cuta se detuvo ante ellas y miró a
Herein.
-Eres la hija de Adelamos Harara –dijo.
No era una pregunta.
Herein asintió primero con la cabeza.
-Soy Herein Harara, hija de Adelamos
Harara, jefe del clan de los Caballos.
-Si, ya sé. Y tú eres la niña del
reflejo. ¿Cuántos años tienes ya? ¿Catorce?
-Casi quince.
Dama Cuta movió la cabeza, pero no dijo
nada más. Se marchó calle abajo con su escolta, con el sacerdote y con las
mujeres.
Herein se llevó la mano al colgante. No
se había deshecho de él. Era el recuerdo de la última vez que vio viva a su
madre. Cinco años, casi seis. Las piernas forradas de hierro, el guerrero
muerto a su lado, los gritos y su madre tendida en el suelo.
Dama Cuta había visto todo aquello
desde la muralla y se acordaba de ella.
Teneladin temblaba de emoción.
-Dama Cuta te ha hablado –decía. Ya no
se acordaba de Gago, ni de Alamenes, ni de Ilortes. De nadie.
Kideya, a la que los griegos llaman Helike y los romanos denominarán Ilice Augusta, se interpone en el camino de las tropas de Cartago de Amilkar Barka. En ese punto, en ese momento, se encuentran Agesilao, un mercenario griego, y Rodopis, una bailarina egipcia. Mi primera novela publicada. Más información aquí.
Novela histórica basada en la intervención de las amazonas de la reina Pentesilea en la Guerra de Troya. Un relato en el que combaten entre sí la astucia, la habilidad y la fuerza. Más información aquí.
Acero del Rey es la primera novela de una trilogía ambientada en la segunda mitad del S. XVI. Novela de aventuras de las denominadas "de capa y espada", de espada y mancebía en realidad, cuenta las peripecias de dos veteranos de los tercios viejos españoles. En esta primera parte la acción transcurre en una fortaleza del Sureste de la península. Más información aquí.
Aún trátándose de una novela de lectura independiente, es la segunda parte de la trilogía. Siguen las aventuras de los dos veteranos de los tercios viejos. Frailes, mercaderes, soldados y, por descontado, mozas de taberna, acompañan a los protagonistas en esta nueva entrega. Más información aquí.